sábado, 10 de junio de 2017

¿De quién es el arcoíris? ¿De la Biblia o LGBT?

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Hace un tiempo, mientras me encontraba como invitada en una iglesia, una maestra de niños me decía que no quería hacer historias relacionadas con el arcoíris porque no quería que los niños lo asociaran con la bandera GLBT. Me quedé asombrado y me pregunté, ¿cómo puede ser esto posible?

¿Qué debemos hacer los cristianos comprometidos con Dios y su Palabra? Lo primero que diría es que toda persona comprometida con Dios de forma genuina tendrá como buenos y válidos los relatos que se dan en ella. No tendrá problema en creer en la autoridad de las Escrituras, y tendrá como verdad los relatos que en ella se dan y por autoridad sus doctrinas y principios. El relato donde aparece por primera vez el arcoíris nos dice la razón de este símbolo en el cielo: La Biblia dice:

El arcoiris es solo tiene un significado.

“Pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra. Y acontecerá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se verá el arco en las nubes, y me acordaré de mi pacto que hay entre yo y vosotros y entre todo ser viviente de toda carne; y nunca más se convertirán las aguas en diluvio para destruir toda carne”, Génesis 9:13-15 (LBLA).

Este relato es parte del pacto de Dios con Noé, donde se establece el arcoíris en el cielo. Después del diluvio, Dios dijo a Noé que el arcoíris serviría de señal para recordar que “no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne” (Gn. 9:9-17). Además del relato de Génesis, el profeta Ezequiel quien es el primero que usa el término “arco iris” nos dice:

“Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor…. de la semejanza de la gloria de Jehová”, Ezequiel 1:28  (LBLA).

Recordemos lo que Dios ha hecho

Como podemos ver, el arcoíris no es un invento del hombre: es una creación de Dios, una señal que nos recuerda su amor, su justicia y su misericordia. Todo el mundo debe saber esto. Es parte de la verdad bíblica que debemos proclamar a los cuatro vientos. No podemos dejar de decir una verdad porque existan personas o grupos que la distorsionen. Las Escrituras están para ser proclamadas con fidelidad y relevancia. Es por esto que debemos recordar lo que es la shemah hebrea:

Así que vamos a ponernos en la brecha. Vamos a ondear la Palabra de Dios y que se vea desde cualquier ángulo, porque el evangelio tiene que ser visto (Mt. 5:15). Y ante la pregunta ¿de quién es el arcoíris? En todo lugar donde estemos o hemos pasado, que respondan desde el más adulto al más joven: el arcoíris es de Dios, algo que esta generación está olvidando, pero que nosotros debemos recordárselo.
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